María Paula Salas: “Pienso en el Mundial al menos una vez por día”

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FIFA

La primera vez que María Paula Salas se ilusionó con representar a su país tenía 11 años: iba a probarse en la selección de Costa Rica que disputaría como anfitriona la Copa Mundial Sub-17 de la FIFA 2014. Sin embargo, el sueño le duró un suspiro…

“Apenas llegué con mi papá, el entrenador me vio y dijo que ni me tomaría la prueba, que era muy pequeña”, dice a FIFA.com la delantera tica, hoy de 19 años. “Recuerdo ver los partidos del Mundial y llorar. Yo sólo quería jugar al fútbol”.

Su padre le refrescaría otro detalle. “Le pregunté si tendría alguna otra oportunidad, y me dijo que sí, que habría más pruebas. Y acá estoy”, agrega con una sonrisa Salas, integrante tanto del combinado sub-20 como del seleccionado absoluto costarricense. 

Aquella segunda chance llegó meses después, pero para un combinado sub-15. Allí “comenzó un proceso maravilloso”, por lo que es fácil imaginar lo que sintió al conocer la noticia que Costa Rica sería sede de la Copa Mundial Sub-20 de la FIFA 2020.

“No sé como expresarlo, jugar un Mundial en casa es lo que toda futbolista desearía. Por eso fue difícil aceptar que quizás no se haría por la pandemia. Y después, cuando lo confirmaron, pero para 2022, fue una mezcla de felicidad y tristeza”. 

¿Por qué? “Felicidad porque al final lo tendríamos aquí y espero jugarlo. Lo triste es que no podrán hacerlo un grupo de chicas con las que veníamos trabajando desde la sub-17, y hacíamos un gran equipo”, explica sobre el cambio de elegibilidad en la edad de las jugadoras. 

Ahora que es un hecho, la ansiedad es igual de real, confiesa Salas. “Todos los días, aunque sea una vez, pienso en el Mundial. Llevo años intentando clasificar a uno sin éxito, es muy difícil. A veces, hasta sueño que lo estoy jugando”.

Del apoyo familiar a su rol de referente

María Paula forjó su relación con la pelota y su mundo de muy niña. “Tengo fotos con balones desde los 3 años, pero no había equipo de mujeres. A los 5 recién empecé a jugar con niños. Lo que vino luego se lo debo a mis padres, padrinos y abuelos”.

Una anécdota habla por sí sola. “Un día una profesora le dijo a mi mamá que no podía jugar, que cuando levantaba las piernas para patear ‘se me veía todo’, o que podían lastimarme. ‘Usted la deja jugar. Y si le pasa algo me avisa’, respondía ella”. 

Salas insiste. “Muchas de las que jugaban conmigo no tenían el apoyo de la familia. Si tu eres niña, pero tus papás no te llevan, no te dan plata para ir, o no te defienden, es muy difícil. Hoy las cosas cambiaron un poco. Hasta hay escuelas de fútbol para niñas”.

Salas debutó en primera división a los 14 con Saprissa, y desde 2019 juega en la Liga Deportiva Alajuelense. Tuvo chances de emigrar a Francia y a España, pero la COVID y una lesión de hombro, solucionada con una cirugía, pusieron sus objetivos en pausa. 

“Hace un mes tengo el alta deportiva, y ahora quiero concentrarme en mi club y en la selección para jugar el Mundial” dice la atacante, que suma con la absoluta 9 partidos y 2 goles, uno de ellos en los Juegos Panamericanos 2019, donde se colgó el bronce.

Su otro deseo es ser referente para las niñas que, como ella, aman patear una pelota. “Tanto las que estamos acá como las de afuera queremos que más chicas sientan que es normal jugar al fútbol. Que quieran ser como nosotras, que no crean que es solo un lugar para hombres. Todas pensamos más allá de nuestro propio futuro”.

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